Fantasía para jóvenes

romantic

Cómo ha cambiado el cuento, de aquellas aventuras épicas de la Dragonlance, con unos personajes llenos de valores, actitudes naif, o aventuras a lo Ender, con su destino manifiesto y guerras galácticas, hemos ido a parar, rodolant-rodolant como dicen en mi barrio, a darnos de morros con que no teníamos ni idea de lo que quería la muchachada.

Y es que la muchachada quería sangre. Pero no la sangre viscosa que empapa las paredes y viene acompañada de vísceras -no, esa es para el cine-, quieren la sangre virginal, el primer beso, esa piel nunca desgarrada, ese himen intacto, esa esperanza en el espejo, el amor inmortal.

Las editoriales juegan ahora con la etiqueta de “jóvenes adultos” conveniente variación para la literatura juvenil que han mantenido a niveles de oligofrenia y valores de Barrio Sésamo durante años.

Ahora se dan cuenta de que lo que vende es el héroe, el beso, la dama fuerte, pero en peligro. La novela de caballerías, nocturna y arrebatadora. El folletín. La novela popular sin cortapisas.

Es en esos momentos cuando los monstruos no podemos menos que sonreír y espera nuestro momento, salivando y a la espera de una víctima propiciatoria