Todavía más Minicuentos Navideños

Santa siempre sirve carne de reno el día 26. Eso los mantiene rápidos y competitivos.

Los reyes magos encontraron al mesías reencarnado. Gaspar lo asfixió con una almohada mientras los otros dos vigilaban. Dos mil años de maldición eran más que suficiente.

La carta del huérfano conmovió al viejo Santa, pero ni siquiera él podía traer a nadie de la muerte.

El trineo abandonado, justo al fondo del garaje, recordaba mejores navidades, sobre todo aquellas en las que su joven amo se lanzaba ladera abajo. Hasta aquella vez.

El fin del mundo no llegó tras las doce campanadas, excepto para el viejo Matías, que no pasó de la quinta uva entre toses y ahogos.

El monstruo del armario son los padres.

Más minicuentos navideños

Le rajó el cuello de parte a parte. Leche y galletas, masculló el gordo, leche y galletas. Tampoco pedía tanto, ¿verdad?

El fuerte olor a podrido les indicó a todos que el tío Oscar había vuelto a casa por Navidad, pese a todo.

La botella reserva del 82 no estaba llena de vino.
-¿En qué año dices que naciste? -preguntó el viejo y siniestro vecino, mientras cerraba de un sonoro golpe la gruesa puerta de la bodega.


El fantasma de la abuela se le apareció a su nieto justo antes de la nochebuena.
-¡Mátalos! -le susurró al oído- ¡Mátalos a todos!
El juez, sin embargo, no creyó ni una palabra de todo aquello antes de condenarlo a la horca.


El fantasma de las navidades futuras señaló la tumba del hombre avaricioso.
-¿Mármol? Panda de desgraciados -exclamó el avaro, pateando su propia lápida.


Al niño malo le volvieron a traer un saquito de carbón. Por fin tuvo suficiente como para prender fuego a la casa.