Categories
literatura

Los cuentos de hadas

Uno de los cuentos del que me siento más orgulloso es “La dama de las fresas” (disponible en Rescepto, gratis total, oigan, es una descarga chiquitita, dense el gustazo), una pequeña fábula que aprovecha un montón de detalles sacados de leyendas y cuentos de hadas.

Los cuentos de hadas me gustan porque son primarios. Los personajes no son arquetipos, son símbolos; adolescencia, maldad, sabiduría… Presentan la primera dicotomía, el primer paso de lo real a lo irreal. Dos mundos que se entremezclan con fluidez. Es curioso que la mayor parte de cuentos populares, y de seres míticos, se repiten casi de manera idéntica, a lo largo del mundo. Casi todo tiene su correspondecia.

Es esa fantasía la que me llama la atención. La que contempla aspectos básicos del ser humano, lujuria, avaricia, amor, gula, venganza, compasión; me gusta retorcer esas viejas historias y meterle algo de narrativa moderna, tratando de que no se note demasiado, pasando de puntillas.

En el caso de “La dama de las fresas” quería no sólo contar una historia, el objetivo era presentar un cuento dentro de otro, una narración contada por otra narración. Donde la forma era en cierta manera un cliché y el lenguaje tenía que diferenciarse. Y que diera como resultado un cuento redondo, concéntrico. Acaba de ser traducido al francés y publicado en Lunatique, así que por lo menos alguien más cree que no está mal.

Gracias a Sergio Mars y su incansable látigo corrector el cuento quedó cerrado en poco tiempo. Lo cual me lleva a otro tema: Los fanzines.

Rescepto es uno de los pocos fanzines/e-zines que quedan. Parece que es un arte olvidado el fanzineroso, y no debería ser así. Para todos los que escribimos es gratificante encontrar salida a nuestros textos, que los vapuleen y corrijan, que los publiquen y defiendan. Así que desde aquí mi apoyo a la gente de Rescepto y al resto de fanzineros indomables.

Categories
literatura monstruos terror

Camino a Memento Mori

mori

No es nigún secreto que llevo ya un par de años tratando de terminar una novela. Incluso, en plena vorágine documentalista y planificadora, abrí un blog para informar de las decisiones que iba tomando a la hora de escribir.

Pero dejé de actualizar al terminar esa fase. Al releer los capítulos que tengo escritos me di cuenta de que faltaba algo, que la idea que tenía en la cabeza no quedaba plasmada como yo quería. Se acercaba, sí, y no estaba del todo mal, pero fallaba la consistencia, el entrelazado que debía mantener coherente la historia. Arreglarlo… no sabía cómo exactamente hasta que me comprendí que lo que faltaba era, ni más ni menos, experiencia por mi parte.

Es difícil lanzarse a escribir una novela y querer trabajar a varios niveles, tanto temporales, simbólicos o lingüísticos. Sobre todo si todo lo que has escrito antes se limita a unos cuantos cuentos de los cuales la calidad era manifiestamente mejorable. Así que hacía falta ejercitar un poco el músculo de la tecla y probar, forzar tal vez, los límites que me había puesto.

De ese modo salen tres cuentos en la misma época: El óxido del sombrerero (que saldrá en algún Vórtice en línea) escrito para jugar con referencias visuales y retorcerlas hasta lograr que ellas solas contaran la historia, El hombre de la pala, (publicado en Paura 2), en el que utilizaba una imaginería de cuento gótico, pero con un lenguaje menos florido de lo habitual, y La balada del hombre anuncio (publicado en Artifex 3) escrito a golpe de videoclip tras un empacho de Brunner y de terminar el maravilloso libro No Logo de Naomi Klein.

Fueron tres ejercicios de estilo que me llevaron a intentar sacar otro cuento, “Indiferencia como un pecado”,  a medio camino entre lo absurdo y lo gore, un cuento a medio camino que no acaba de funcionar como yo quería, aunque tiene ese ambiente malsano que estaba buscando (Está sin publicar, por si alguien se anima)

El siguiente cuento que escribí fue “24 fotogramas y una cuchilla de afeitar”, una historia homenaje al cine español de terror de los años 70. Es un cuento que me gusta, que ya me deja combinar el ambiente inquietante que buscaba con cierto realismo y detalles definitivamente gores. Salió publicado en el Rescepto especial Hispacon 2006 y es un cuento al que le tengo mucho cariño, pese a que su acabado, de todas formas, era demasiado basto.

De ahí paso a escribir “La cirugía del azar” (Paura 3) que es un cuento en el que, pese a algunos detalles que salen en cada relectura, consigo acercarme más a lo que quería, a ese horror que he mencionado antes. Sin estridencias hasta que son necesarias, personas normales, cierto vacío… Era el paso previo a intentarlo en un formato más amplio. Pero todavía, al leerlo, encuentro que no puedo escribir Memento Mori.

Así que estoy con otra novela, probando todo lo que he aprendido el último año (no sólo escribiendo, claro, he leído muchísimo, sobre todo producto nacional) para ver si puedo escribir una novela, con todo el cambio de ritmo, desarrollo y coherencia que conlleva al pasar del cuento. Por ahora no va mal, pero queda un largo camino hasta que me considere capaz de retomar Memento Mori.

Por lo menos, una novela de por medio.

Categories
literatura novelanegra

Best Sellers

” Los best-sellers, que son trabajos de promoción basados en una especie de explotación indirecta del esnobismo, cuidadosamente escoltados por las focas adiestradas de la fraternidad crítica, y cuidados y regados con amor por ciertos grupos de presión demasiado poderosos, cuyo negocio consiste en vender libros, aunque prefieren que uno crea que están estimulando la cultura. Atrásese un poco en sus pagos y descubrirá cuán idealistas son”

Cervecita para el que sepa quién dijo esto.

Categories
literatura terror

Horror en tiempos modernos

bruselas 185

El verdadero terror que puede atenazarnos ha pasado del susto al vacío, casi como si, cincuenta años más tarde, nos alcanzara la verdad: estamos solos en el mundo, somos seres huecos, no tenemos control sobre nuestras vidas, todos podemos ser víctimas.

 

Si bien el terror efectista sigue funcionando como el primer día (nuestros instintos básicos siguen ahí y seguirán para los restos), y el manierismo gótico tiene a su favor la capacidad de traslado y descripción como nadie, entiendo que hay nuevas vías a las que acceder.

 

No hablo de seguir el camino más Barkeriano, que me encanta, y fabular sobre nuevas cosmologías, tal y como hacía Lovecraft. Si bien Pinehead y Candyman son fruto de una religiosidad pagana, propia de urbanitas aburguesados, hay que ir más allá y buscar, en lo cotidiano y trivial, la desesperanza absoluta. Quizás a partir de historias absurdas que se reduzcan de lo universal a lo singular, o tal vez usando personajes tan familiares como nosotros mismos.

 

Jugar con el lector y mostrarle que no hay nada más terrorífico que lo inevitable, sea conocido o no. Aprovechar toda la experiencia Cronenberg, la nueva carne, usar el horror que crece dentro de nosotros, sea físico o no. Lo futil de las relaciones, la fragilidad, el abandono.

 

Hoy en día es difícil buscar el terror en el simple miedo físico. Poner un telediario o leer el periódico ya es suficiente para insensibilizar a la gente.

 

Habrá que ir a buscarlos. De noche, cuando menos se lo esperen.

Categories
literatura monstruos

Géneros

frank
Un género, una línea, una frontera, un mapa, una barrera.
La verdad es que estoy harto. Nunca he sido un lector de gustos fijos, he leído de todo, a casi todo el mundo, en casi cualquier parte. Tengo mis gustos como cualquier otro, pero nunca son los mismos en la misma semana. Si me preguntas cuáles son los libros que más me han influído a la hora de escribir tendría que pensármelo mucho. Supongo que “Trópico de Cáncer” sería el que más me empujó en su momento a todo esta locura de juntar letras. A lo mejor fue la edad a la que me lo leí. Quién sabe.
Lo cierto es que me gusta crear historias, ideas sintéticas, extrañas coincidencias, personajes irreales. Me gusta jugar a ser espejo deforme y cronista utópico.
Todavía estoy lejos de acercarme a lo que quiero, a lo que necesito hacer. Mi sintaxis necesita una buena mejora, mis personajes, alcanzar mayor dimensión, el ritmo, saber cómo acompasar la historia. Todo eso está ahí, en mi cabeza, a cada línea que escribo, a cada capítulo que reviso una y otra vez.
No pienso, ni por un momento, en que la persona que va a leerme espera un género, unas normas, unos clichés, unas ideas preconcebidas y perversas. La historia es la que quiero contar, no puedo pensar en qué o quiénes, ni en sus filias y fobias. El que quiera crecer en un mundo estanco y pequeño, allá él.
Chandler, dicen, dignificó el género negro. A eso influyó mucho que fuera uno de los guionistas de cine más importantes de su época, siguiendo la misma línea que en sus novelas. Hoy en dia el cine va cuesta abajo y sin frenos, extrayendo de la literatura fantástica sólo sus clichés más efectistas. Y eso es lo que se filtra a las nuevas novelas. Y así va la cosa, con un montón de novedades con índices de venta ridículos y una actitud cultural enfrentada. Y no somos capaces de salir de ahí.
Algunos dicen que la falta de una crítica especializada es determinante. Otros que la crítica no tiene sentido con la actual red social que nos proporciona la red. Algunos creen que nada es objetivamente valuable en términos artísticos.
Yo, que no encuentro diferencia en escribir realismo o fantasía, novela negra o cuentos infantiles, pienso que vivo en otro mundo y que mi criterio, lo que yo entiendo por calidad, está total y absolutamente desfasado. Porque yo creo en la capacidad de la imaginación y la corrección del texto, en la solidez de la narración, en la experimentación, en el desarrollo, en la originalidad, en la capacidad del escritor para darle la vuelta a todo.
Somos monstruos que crean sueños y, aunque a veces se tornen pesadillas, somos felices.
Monstruos felices.