Ínfulas literarias

De un tiempo a esta parte escucho algo que me asombra sobre los libros, un comentario generalizado en el que lo máximo que le puedes pedir a un libro es que entretenga, o que enganche, que no esté mal escrito, vamos, que la literatura -de género o no- es ocio puro, y si una obra cumple con esos parámetros, pues para qué más.

No soy yo quién para quejarme -mi primer libro es pura literatura pulp sin más pretensión que esa, la de entretener- pero me asombra que la exigencia sea tan baja. A una buena obra yo le exijo muchísimo más que me entretenga o me haga pasar dos tardes agradables. Quiero que me transporte, que me haga reir, llorar, amar y soñar, necesito que me desafíe, que me cuestione, que me sorprenda.

Es evidente que sabes muy bien qué esperar con cada libro, incluso antes de abrirlo, pero parece que estamos extendiendo el criterio pulp al resto de libros. Y tampoco es eso. Un libro que sea entretenido sin más es mediocre. Tiene que despertar algún tipo de sentimiento, un mínimo de maravilla.

No se puede esperar tan poco de la vida.

6 Comments

  1. Dice Milan Kundera en “Telón”, un ensayo acerca de la novela (a la cuál defiende como uno de las grandes formas de expresión artística, separándola del resto de la literatura y poniéndola al mismo nivel que la pintura o la música), que una novela sólo es novela precisamente cuando lleva dentro elementos de reflexión, honda emoción o descubrimiento acerca del ser humano y sus circunstancias. Su definición es suya, desde luego, y según esa concepción de lo que es y no es una novela todos esos libros que sólo entretienen pueden ser importantes (también Kundera acepta que no es fácil entretener sin más :P), pero son sólo libros entretenidos.

    A mí me pasa algo parecido de lo que te ocurre a ti. Y es algo que me ha venido con el tiempo y, supongo, con el abuso de la lectura. Libros que antes me parecían cautivadores ahora me cansan porque no me aportan nada más que un buen rato (y a ratos). Pero más que mirar por encima del hombro a esos libros, o a quienes lo leen, lo que siento es una profunda envidia de esos lectores y del lector que yo fui. Creo que un poco de ese sentido de la maravilla que exiges y exijo a una novela se me ha muerto con la edad.

  2. Es que me da la impresión de que se está perdiendo la perspectiva de lo que hace bueno a un libro y no correcto o mediocre. Disfruto de los libros que son pura pirotecnia siempre que no me los intenten vender como la octava maravilla del mundo.
    En realidad lo que me pone de los nervios es el conformismo, lo anodino, el qué más da. Debe ser la primavera, que me altera 🙂

  3. Lo peor es que ya se empieza a pasar incluso del “que esté bien escrito” (en mis momentos más pesimistas creo que no es que se pase, sino que se ha llegado a cierta incapacidad o voluntad de apreciarlo).

    Pero cuidado con no llegar a los extremos de intentar sacar profundidad de lo que no lo requiere o negar la validez de un entretenimiento bien forjado.

    En resumen, no todo debe (ni puede) ser “1984”, pero toda literatura, incluso la de evasión, debe aspirar a y ser juzgada por los mismos estándares de honestidad formal.

    Y no me seas tan humilde con Kobold… o su venganza será terrible.

  4. Alfredo, yo no me resigno a que un libro me haga pasar un rato, tiene que ser algo más. Lo de que esté bien escrito es un mínimo del que no admito discusión, a partir de ahí tiene que haber mucho mas. Pero sobre gustos…

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