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frank
Un género, una línea, una frontera, un mapa, una barrera.
La verdad es que estoy harto. Nunca he sido un lector de gustos fijos, he leído de todo, a casi todo el mundo, en casi cualquier parte. Tengo mis gustos como cualquier otro, pero nunca son los mismos en la misma semana. Si me preguntas cuáles son los libros que más me han influído a la hora de escribir tendría que pensármelo mucho. Supongo que “Trópico de Cáncer” sería el que más me empujó en su momento a todo esta locura de juntar letras. A lo mejor fue la edad a la que me lo leí. Quién sabe.
Lo cierto es que me gusta crear historias, ideas sintéticas, extrañas coincidencias, personajes irreales. Me gusta jugar a ser espejo deforme y cronista utópico.
Todavía estoy lejos de acercarme a lo que quiero, a lo que necesito hacer. Mi sintaxis necesita una buena mejora, mis personajes, alcanzar mayor dimensión, el ritmo, saber cómo acompasar la historia. Todo eso está ahí, en mi cabeza, a cada línea que escribo, a cada capítulo que reviso una y otra vez.
No pienso, ni por un momento, en que la persona que va a leerme espera un género, unas normas, unos clichés, unas ideas preconcebidas y perversas. La historia es la que quiero contar, no puedo pensar en qué o quiénes, ni en sus filias y fobias. El que quiera crecer en un mundo estanco y pequeño, allá él.
Chandler, dicen, dignificó el género negro. A eso influyó mucho que fuera uno de los guionistas de cine más importantes de su época, siguiendo la misma línea que en sus novelas. Hoy en dia el cine va cuesta abajo y sin frenos, extrayendo de la literatura fantástica sólo sus clichés más efectistas. Y eso es lo que se filtra a las nuevas novelas. Y así va la cosa, con un montón de novedades con índices de venta ridículos y una actitud cultural enfrentada. Y no somos capaces de salir de ahí.
Algunos dicen que la falta de una crítica especializada es determinante. Otros que la crítica no tiene sentido con la actual red social que nos proporciona la red. Algunos creen que nada es objetivamente valuable en términos artísticos.
Yo, que no encuentro diferencia en escribir realismo o fantasía, novela negra o cuentos infantiles, pienso que vivo en otro mundo y que mi criterio, lo que yo entiendo por calidad, está total y absolutamente desfasado. Porque yo creo en la capacidad de la imaginación y la corrección del texto, en la solidez de la narración, en la experimentación, en el desarrollo, en la originalidad, en la capacidad del escritor para darle la vuelta a todo.
Somos monstruos que crean sueños y, aunque a veces se tornen pesadillas, somos felices.
Monstruos felices.

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