Documentando

Durante la presentación que hizo Rafa Marín, acompañado de Juanmi Aguilera, de Juglar en Valencia, se habló de la documentación a la hora de escribir. Rafa dijo que en ocasiones casi se había gastado más en libros para escribir un cuento que lo que había sacado de él.

Y es que la documentación es un vicio, sobre todo si lo que estás escribiendo tiene un fuerte trasfondo histórico o mitológico. Es un no parar y, de forma sorprendente, la nueva información suele modificar y trastocar lo que tenías pensado en un principio. O, y eso asusta, aquello que pensabas estar inventándote resulta que es cierto, o que coincide perfectamente con lo que vas encontrando.

Sin embargo, a la hora de escribir un relato la pereza de documentarse aumenta considerablemente, quiero decir, documentarse en profundidad. Para una novela, cuyo proceso es largo, va acompañando el trabajo, pero en un cuento escrito en un par de semanas… come demasiados recursos, por así decirlo. Eso no quita para cumplir los mínimos para cumplir con el realismo y la veracidad. El sentido de la maravilla está bien cuando lo buscas deliberadamente, no cuando es resultado de la perrería.

Lo único positivo es que de todo lo leído, acumulado y descubierto para novelas escritas o por escribir, es que se puede aprovechar ese material para un buen número de cuentos. Aunque siempre se corre el riesgo de “Se me ha ocurrido un cuento con esto…” y dejas aparcada la novela por algo nuevo. Procastinando. Como hago yo ahora con esta entrada.

¿Y vosotros? Los que escribís, ¿cómo os documentáis?¿recicláis la información? Y los lectores, ¿cuánta importancia dáis a ese fondo trabajado? Hay libros que me han hecho buscar sus referencias y fuentes, como el Péndulo de Focault, ejemplar en documentación, pero en algunas narraciones de Borges también se juega con la invención, sin que pase nada. Quizá sea un juego que plantear al lector.

Ahora, a seguir escribiendo.

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