Los cuentos de hadas

Uno de los cuentos del que me siento más orgulloso es “La dama de las fresas” (disponible en Rescepto, gratis total, oigan, es una descarga chiquitita, dense el gustazo), una pequeña fábula que aprovecha un montón de detalles sacados de leyendas y cuentos de hadas.

Los cuentos de hadas me gustan porque son primarios. Los personajes no son arquetipos, son símbolos; adolescencia, maldad, sabiduría… Presentan la primera dicotomía, el primer paso de lo real a lo irreal. Dos mundos que se entremezclan con fluidez. Es curioso que la mayor parte de cuentos populares, y de seres míticos, se repiten casi de manera idéntica, a lo largo del mundo. Casi todo tiene su correspondecia.

Es esa fantasía la que me llama la atención. La que contempla aspectos básicos del ser humano, lujuria, avaricia, amor, gula, venganza, compasión; me gusta retorcer esas viejas historias y meterle algo de narrativa moderna, tratando de que no se note demasiado, pasando de puntillas.

En el caso de “La dama de las fresas” quería no sólo contar una historia, el objetivo era presentar un cuento dentro de otro, una narración contada por otra narración. Donde la forma era en cierta manera un cliché y el lenguaje tenía que diferenciarse. Y que diera como resultado un cuento redondo, concéntrico. Acaba de ser traducido al francés y publicado en Lunatique, así que por lo menos alguien más cree que no está mal.

Gracias a Sergio Mars y su incansable látigo corrector el cuento quedó cerrado en poco tiempo. Lo cual me lleva a otro tema: Los fanzines.

Rescepto es uno de los pocos fanzines/e-zines que quedan. Parece que es un arte olvidado el fanzineroso, y no debería ser así. Para todos los que escribimos es gratificante encontrar salida a nuestros textos, que los vapuleen y corrijan, que los publiquen y defiendan. Así que desde aquí mi apoyo a la gente de Rescepto y al resto de fanzineros indomables.

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