Ser escritor

Qué decir, de verdad, sobre este oficio, amargo a veces, más una condena en ocasiones que una verdadera ocupación. Los que llevan en esto más tiempo, de vuelta ya, veteranos curtidos en galeras y galeradas, luchadores, algunos del espacio y otros no, te lanzan media sonrisa y entornan los ojos de forma melancólica cuando les hablas de tus proyectos, nuevos sueños, deben pensar, ilusiones que pronto se encontrarán con todos los obstáculos, baches, trucos y artimañas, que en el mundo de la literatura pugnan por comerse el ímpetu de los noveles.

Pasa el tiempo y siempre se avanza. Supongo que es el truco, no dejarse amilanar ni contagiarse. Hacerse fuerte en el rincón más duro de nuestro ego, enorme pero voluble, y esperar. Esperar. No recuerdo quién dijo que era la mayor parte del trabajo de un escritor. Más que el dedicado a tener la idea, escribirla, reescribirla, corregirla y desesperarse con ella. La espera es la que al final distingue a los corredores de fondo.

Es desesperante y hermoso, es frustrante y genial. Ser escritor y poder decirlo. Aunque luego siempre, siempre, te miren raro.

2 Comments

  1. Cuánto más larga es la espera, mayor es el orgasmo. Creo que vale la pena esperar, sobre todo si escribir forma parte de una faceta importante de tu vida. Lo llevas dentro y no le puedes dar la espalda, es una carrera de fondo. Lo verdaderamente jodido es sobrevivir mientras tanto, pero el escritor novel aprende una serie de trampas para ganarse las habichuelas por aquí y por allá.

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