Isis

Un cuento pequeño que tuvo un ir y venir constante hasta salir en Tierras de Acero.

Tiene algunas de mis obsesiones sobre los años 20. No todas, claro, pero esas ya saldrán… seguro.

Isis y el velo

 

Sin duda, los labios de Amanda poseían la extraña cualidad de enfermar a los hombres, volverles locos, ausentes, noctámbulos, bohemios; con sólo un beso, una palabra susurrada o una risa cómplice, barones, mafiosos y buscavidas sin patria sentían hervir la sangre por sus venas y adquirían, sin remedio, una extraña sensación de vacío justo en la boca del estómago.

Solía frecuentar el Revolution, donde, bajo los mejores y más minúsculos trajes de seda, ese tipo de vestido ligero que oculta y muestra con desigual fortuna, dejaba que hombres, invariablemente vestidos de etiqueta, la invitaran a copas dulces y le regalaran joyas terriblemente caras. Y todo eso sin ni siquiera abrir sus finas piernas o permitir contacto alguno más que alguna caricia, leve y lujuriosa.

Ella era la promesa del placer, la invitación a la lascivia, el deseo, el preludio inevitable de una erección dolorosa; ella era todo eso y más, la idea misma del pecado, la avaricia de los hombres.

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