Camino a Memento Mori

mori

No es nigún secreto que llevo ya un par de años tratando de terminar una novela. Incluso, en plena vorágine documentalista y planificadora, abrí un blog para informar de las decisiones que iba tomando a la hora de escribir.

Pero dejé de actualizar al terminar esa fase. Al releer los capítulos que tengo escritos me di cuenta de que faltaba algo, que la idea que tenía en la cabeza no quedaba plasmada como yo quería. Se acercaba, sí, y no estaba del todo mal, pero fallaba la consistencia, el entrelazado que debía mantener coherente la historia. Arreglarlo… no sabía cómo exactamente hasta que me comprendí que lo que faltaba era, ni más ni menos, experiencia por mi parte.

Es difícil lanzarse a escribir una novela y querer trabajar a varios niveles, tanto temporales, simbólicos o lingüísticos. Sobre todo si todo lo que has escrito antes se limita a unos cuantos cuentos de los cuales la calidad era manifiestamente mejorable. Así que hacía falta ejercitar un poco el músculo de la tecla y probar, forzar tal vez, los límites que me había puesto.

De ese modo salen tres cuentos en la misma época: El óxido del sombrerero (que saldrá en algún Vórtice en línea) escrito para jugar con referencias visuales y retorcerlas hasta lograr que ellas solas contaran la historia, El hombre de la pala, (publicado en Paura 2), en el que utilizaba una imaginería de cuento gótico, pero con un lenguaje menos florido de lo habitual, y La balada del hombre anuncio (publicado en Artifex 3) escrito a golpe de videoclip tras un empacho de Brunner y de terminar el maravilloso libro No Logo de Naomi Klein.

Fueron tres ejercicios de estilo que me llevaron a intentar sacar otro cuento, “Indiferencia como un pecado”,  a medio camino entre lo absurdo y lo gore, un cuento a medio camino que no acaba de funcionar como yo quería, aunque tiene ese ambiente malsano que estaba buscando (Está sin publicar, por si alguien se anima)

El siguiente cuento que escribí fue “24 fotogramas y una cuchilla de afeitar”, una historia homenaje al cine español de terror de los años 70. Es un cuento que me gusta, que ya me deja combinar el ambiente inquietante que buscaba con cierto realismo y detalles definitivamente gores. Salió publicado en el Rescepto especial Hispacon 2006 y es un cuento al que le tengo mucho cariño, pese a que su acabado, de todas formas, era demasiado basto.

De ahí paso a escribir “La cirugía del azar” (Paura 3) que es un cuento en el que, pese a algunos detalles que salen en cada relectura, consigo acercarme más a lo que quería, a ese horror que he mencionado antes. Sin estridencias hasta que son necesarias, personas normales, cierto vacío… Era el paso previo a intentarlo en un formato más amplio. Pero todavía, al leerlo, encuentro que no puedo escribir Memento Mori.

Así que estoy con otra novela, probando todo lo que he aprendido el último año (no sólo escribiendo, claro, he leído muchísimo, sobre todo producto nacional) para ver si puedo escribir una novela, con todo el cambio de ritmo, desarrollo y coherencia que conlleva al pasar del cuento. Por ahora no va mal, pero queda un largo camino hasta que me considere capaz de retomar Memento Mori.

Por lo menos, una novela de por medio.

6 Comments

  1. Mmmm… Mientras sea temporal, porque tenía buena pinta. Y que conste que no quería enterarme de nada para leerla a gusto. Ahora, si va para largo, quizás me puedas contar algo. Carpe diem… jeje

  2. Lástima. Qué delicado es el proceso de escritura de una novela. Hace falta tanta energía y convicción que cualquier duda la hace enfermar. En mi caso particular tardé cerca de cuatro años en terminar la mía, y eso que no es una novela demasiado compleja estilísticamente; pero tuve varios parones de meses porque había perdido la fe en ella. Cosa que cuando llevas escritas 200 páginas resulta angustioso.

  3. Yo suelo tardar cosa de tres meses en escribir diez miserables páginas que suelo tener que volver a corregir prácticamente palabra por palabra tres meses más tarde… Lo de la novela lo veo chungo :p

  4. No creo que “La dama de las fresas” haya sido ajena a este proceso que describes. Ya ves, tengo la impresión de que fue un punto de inflexión muy importante, al menos a tenor de lo que te tenía leído. Con una ambientación al servicio de la historia y una historia al servicio de la ambientación, unidas por fin, no subordinada la una a la otra (o la otra a la una).

    En cuanto a mí… Yo ahora me siento cómodo en el rango de las 15.000 palabras, con esporádicas visitas al reino de las 25.000-50.000. Sólo que la vista se mueve hacia cotas superiores, con tres proyectos peleándose por sacar la cabeza. ¿Me atreveré a embarcarme en alguno de ellos y ver a dónde me conduce? ¿Estaré preparado? (¡Ah, esos malditos personajes!)

  5. Es que La dama de las fresas se merece una entrada propia. La próxima, además. La dejo sola porque en ese cuento hay otras cosas que comentar.

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