El escritorio y los procesos creativos

A través de JMillán encuentro éste artículo del Semanario de Literatura Recreativa.

Creo, con ingenuidad de sociólogo aficionado, que el espacio de trabajo dice mucho sobre su usuario. En el caso de los escritores, sus escritorios pueden explicar algunas características de sus obras, o bien revelar una faceta de la personalidad del autor que éste se ha esforzado en ocultar en sus escritos. (Sería fascinante dar un curso de literatura contemporánea utilizando como base fotografías de los escritores, en lugar de sus novelas: cómo eran, cómo vestían, dónde vivían, quiénes eran sus amigos). Cualquiera que entrase al despacho de Unamuno, por ejemplo, sabría que se encontraba en el cubil un profesor: lo delatan los papeles —¿apuntes? ¿exámenes?— amontonados por el suelo. Las fotos de los escritores suicidas portugueses ponen al visitante en guardia y ciertamente no animan a comprar los libros del catedrático salmantino. Como yo, Unamuno ha tenido que echar mano de una mesa supletoria, en su caso camilla, para poner los libros, que desbordan. Como me dijo alguien una vez, Unamuno era así porque pasaba frío, y se metía periódicos debajo de la ropa. Claro que también hay otras versiones.

El artículo está bastante bien. Me tranquiliza pensar que no soy el único con algo parecido a esto:

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Aunque lo mejor son las vistas.

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Escribo de noche. Y ayer, pasada ya la medianoche, pude ver dos fogonazos desde ahí dentro. ¿Flash de cámara? A lo mejor.

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