terror

Horror en tiempos modernos

bruselas 185

El verdadero terror que puede atenazarnos ha pasado del susto al vacío, casi como si, cincuenta años más tarde, nos alcanzara la verdad: estamos solos en el mundo, somos seres huecos, no tenemos control sobre nuestras vidas, todos podemos ser víctimas.

 

Si bien el terror efectista sigue funcionando como el primer día (nuestros instintos básicos siguen ahí y seguirán para los restos), y el manierismo gótico tiene a su favor la capacidad de traslado y descripción como nadie, entiendo que hay nuevas vías a las que acceder.

 

No hablo de seguir el camino más Barkeriano, que me encanta, y fabular sobre nuevas cosmologías, tal y como hacía Lovecraft. Si bien Pinehead y Candyman son fruto de una religiosidad pagana, propia de urbanitas aburguesados, hay que ir más allá y buscar, en lo cotidiano y trivial, la desesperanza absoluta. Quizás a partir de historias absurdas que se reduzcan de lo universal a lo singular, o tal vez usando personajes tan familiares como nosotros mismos.

 

Jugar con el lector y mostrarle que no hay nada más terrorífico que lo inevitable, sea conocido o no. Aprovechar toda la experiencia Cronenberg, la nueva carne, usar el horror que crece dentro de nosotros, sea físico o no. Lo futil de las relaciones, la fragilidad, el abandono.

 

Hoy en día es difícil buscar el terror en el simple miedo físico. Poner un telediario o leer el periódico ya es suficiente para insensibilizar a la gente.

 

Habrá que ir a buscarlos. De noche, cuando menos se lo esperen.