literatura

Quiero leer… Clockpunk

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Ya sé que soy un tipo raro, lo reconozco. Quiero leer clockpunk. Quiero que alguien escriba clockpunk en castellano. Que más gente lea clockpunk. Y quiero, bueno, eso tiene arreglo, de hecho lo tiene en estos momentos, escribir clockpunk.

Me pongo tonto con las historias renacentistas llenas de tramas palaciegas y con los intrincados diseños de los relojeros, con la estética de cuero, engranajes y dibujos de Da Vinci. Filosofía. Arte. Muerte. Traición. Relojes.

En ese mundo etéreo, sin fandom, sin fanzines y sin cuentos, que tienen los americanos y los ingleses, ya empiezan a despuntar algunos títulos. Claro que ellos se dedican a sus rollos Elizabetianos, mucho menos interesantes que lo que puede dar un buen entorno mediterráneo bien clockpunkeado.

Blog de referencia para estos menesteres: Da Vinci Automata

Quiero leer más cosas. Cosas nuevas de autores nuevos, sin demasiadas referencias, que presenten ideas originales, frescas e imposibles. Estoy dispuesto a malgastar mi tiempo, de verdad. Estoy un poco harto de las cosas de siempre, aunque las vistan de nuevas y originales, pese a que estén escritas con maestría. Hay que dar un paso hacia delante o nos ahogaremos.

La Scene del Fantástico

En el resto de universos paralelos en los que existe el Fandom -aunque a algunos les parezca increíble, el fandom fantástico es bastante minoritario y parado- ha ido apareciendo una facción muchísimo más activa que el resto: La Scene.

 

En el fandom cificionero la Scene se conoce como el mundillo, escritores nuevos, jóvenes articulistas, faneditores primerizos, que, de un tiempo a esta parte, parece que ha fagocitado, o ahuyentado, al resto del fandom. Creo que por un hecho puntual que no pasa en el resto de fandoms: La Scene no quiere ser profesional. Entiende su afición como lo que es, algo amateur y que sólo necesita el reconocimiento del resto de la scene y el fandom (No todos, claro, siempre hay quien destaca y tiene aspiraciones. Pero son los menos). Sin embargo en nuestro fandom, el de toda la vida, todo el mundo quiere ser publicado, leído, conocido y adorado. La ración de Ego es grande y se aplica la máxima de que “el infierno son los demás”. El feedback, punto principal de la Scene, desaparece y nos quedamos con un montón de gente que ve cómo sus esfuerzos son considerados simples trampolines para darse a conocer, o bien otros que se ven rodeados de escritores que quieren ver comentadas sus obras. Lo de comentar la de los demás es otra historia, claro.

 

Hasta que la Scene del fantástico no se de cuenta que es como todas las demás, que sin una base de comunidad fuerte y exigente no se puede dar el salto a ninguna parte -si es que quieres género, claro-, que sin ganas por leer lo que hacen los demás no puede haber revistas, ni siquiera e-zines, seguiremos viendo cómo desaparece esa base para sustituirla por un grupo de meros observadores, un fandom incluso más aborregado de lo que en ocasiones es.

 

Vivimos en una época perfecta para la comunicación y la edición digital. Me pregunto qué harían los viejos fanzineros de los ochenta y noventa ahora que ni siquiera tendrían que poner un euro para fotocopias. Nos hemos vuelto una generación complaciente, me temo.

Ciencia Ficción India

En la pasada Hispacon tuvimos una conferencia sobre literatura fantástica hindú. Para todos los que se quedaron con ganas de saber algo sobre la literatura de género -la conferencia fue muy interesante desde el punto de vista teórico, pero pecó, a mi entender, de decimonónica excelencia- aquí os dejo un enlace, en inglés, a un artículo que trata sobre la CF hindú en la actualidad.

DNA-ALTERING experiments, moody robots, strange mutations from failed cloning projects, wonder machines and nano-gadgetry, and, of course, aliens playing peek-a-boo with humans — science fiction writing in Indian languages has this all and more. And its popularity is growing steadily, especially in the eastern and southern regions of the country. Most science fiction (SF) writing in regional languages is in the form of serialised stories in magazines, but novels and short stories are also gaining popularity. Says Dinesh Goswamy, the well-known Assamese SF writer, “SF is very popular in our state. During Durga Pooja, magazines bring out special SF issues.” 

Leer el artículo completo

Minicuento: El hombre que comía libros

Conocí a M. a través de un amigo común, un bibliófilo empedernido para el que conseguía libros de vez en cuando, nada demasiado caro, todo del siglo veinte, que solía invitarme a comer cuando visitaba Barcelona. M. era un tipo grande, orondo, calvo y siempre sonriente. Pasaba ya de la cincuentena la primera vez que nos encontramos, y de eso hacía más de diez años.

A lo que iba. M. no era un aficionado más, como el resto de gente que había conocido en las comidas organizadas por mi amigo, no: él era un auténtico amante de los libros, un hombre de una extraordinaria cultura y con el que daba gusto hablar de ediciones, incunables, manuscritos y hasta, lo comprobé en más de una ocasión, de tipos de imprenta y composición del papel. Sí, era un verdadero experto. Lo único, devoraba libros. Quiero decir que se los comía físicamente, no es una figura retórica. Lo hacía de forma pausada, primero leía el índice y seleccionaba los capítulos más apetitosos. Cortaba las páginas con cuchillo y tenedor y luego, a veces mojando las hojas en alguna salsa, nunca supe si dulce o picante, las engullía con cara de gran satisfacción.

De vez en cuando le conseguía algún libro por encargo. Tampoco nada demasiado caro, pero siempre de la mayor calidad en cuanto al estado y conservación del volumen. No es que la idea de que un libro caro desapareciera del mercado me entusiasmara, pero M. era rico y pagaba bien, lo suficiente para que no tuviera demasiados escrúpulos. De todas formas, y para mi alivio, nunca pidió, ni le vi comer, códice alguno, nada de páginas miniadas o manuscritos medievales. Una vez me confesó que sentía cierta atracción morbosa por los originales de DaVinci, pero que por un lado no podía dejar al mundo sin aquella belleza, y por otro, que las tintas antiguas estaban llenas de plomo y otros metales que podían acabar por envenenarle.

Aprovechando un viaje relámpago a Barcelona, quedé con nuestro amigo común, el cual me invitó a visitar a M. en su casa. Accedí sin pensarlo; acababa de perder una venta y llevaba en la maleta dos ejemplares del Ulyses que podían servirle a M. como cena durante meses. Aparcamos cerca de Balmes y seguí a mi amigo hasta la puerta de la finca donde M. vivía en un ático de tres plantas.

Nos abrió la puerta el ayuda de cámara, un hombre mayor, contrapunto de M. en peso, estatura y carácter. Pasamos a una pequeña salita y desapareció en busca de su empleador.

No tardó en volver con el rostro congestionado y los ojos a punto de salírsele de las órbitas. Apenas pudo tartamudear el nombre de M., señalando las escaleras que daban al piso superior. Ni que decir tiene que subimos a toda prisa los escalones. La puerta que daba al despacho estaba abierta. Entramos y nos encontramos con el peor de los escenarios. M. estaba sentado en un cómodo sillón orejero y vestido con un pijama de franela gris y una bata a cuadros rojos y negros. Su rostro estaba desencajado en una mueca de dolor y tenía una lividez digna del peor fantasma. Entre las manos todavía sujetaba un libro al que, como era usual, le faltaban varias páginas. Nos acercamos. M. había vomitado parte de la sobrecubierta del libro sobre la alfombra. No era la primera vez que el plástico le sentaba mal, pero aquello era demasiados. Mi amigo le tomó el pulso y negó con la cabeza. M. había muerto.

–¿Qué crees? –me preguntó mientras se dirigía hacia el teléfono– ¿Se habrá atragantado? ¿La tinta era venenosa?

–No –contesté. En el montón de papeles troceados del suelo pude ver la foto de un tipo gordezuelo y con gafas que miraba al objetivo del fotógrafo con gesto confiado–. Ha sido indigestión –dije, reconociendo por fin la cubierta del último libro de César Vidal.

 

Ser escritor

Qué decir, de verdad, sobre este oficio, amargo a veces, más una condena en ocasiones que una verdadera ocupación. Los que llevan en esto más tiempo, de vuelta ya, veteranos curtidos en galeras y galeradas, luchadores, algunos del espacio y otros no, te lanzan media sonrisa y entornan los ojos de forma melancólica cuando les hablas de tus proyectos, nuevos sueños, deben pensar, ilusiones que pronto se encontrarán con todos los obstáculos, baches, trucos y artimañas, que en el mundo de la literatura pugnan por comerse el ímpetu de los noveles.

Pasa el tiempo y siempre se avanza. Supongo que es el truco, no dejarse amilanar ni contagiarse. Hacerse fuerte en el rincón más duro de nuestro ego, enorme pero voluble, y esperar. Esperar. No recuerdo quién dijo que era la mayor parte del trabajo de un escritor. Más que el dedicado a tener la idea, escribirla, reescribirla, corregirla y desesperarse con ella. La espera es la que al final distingue a los corredores de fondo.

Es desesperante y hermoso, es frustrante y genial. Ser escritor y poder decirlo. Aunque luego siempre, siempre, te miren raro.

Hispacones

Después de una semana de dolores de espalda varios (maldita carretera, arrr) creo que es hora de hacer una valoración sobre la Hispacón de Sevilla.

Por una lado, gracias. Gracias a todos los que año tras años votan a La legión del espacio como mejor cómic, aunque luego les abronque por no leer otros comics dentro del fantástico. No puedo evitarlo. También dar las gracias a todos los que votaron Poe como mejor poema del 2006. Con un poco de suerte será traducido al inglés y saldrá en una revista (ya daré más detalles cuando los tenga)

La Hispacon en sí, pues me lo pasé muy bien. Desde fuera todo es bonito y precioso. Tan sólo faltó ese bar cohesionador que tanta falta hace en cualquier convención. También daba un poco de mal rollo la falta de presencia organizativa de la Fundación, siendo esta suplida por la gente de la AEFCFT, que en principio no tenía que hacer esas funciones. Así pues Raquel y yo decidimos quedarnos hasta última hora todos los días para hacer bulto y acompañar a los que tenían que permanecer allí hasta el cierre. Lo que en otro lugar hubiera sido una pausa antes de formar un gran grupo post-convención, este año fue un gran escollo debido a que el Parque Zombie de La Cartuja  es el lugar ideal para rodar Soy Leyenda. Ni Nueva York ni leches.

La sensación escritora quedó agridulce. Por un lado buenas vibraciones al presentar Nocte, la asociación de escritores de terror, pero las múltiples noticias sobre la vuelta al lado tenebroso del péndulo editorial nos llevaron a un par de mesas redondas de autoayuda.

Por el lado editorial no pudimos presentar el libro de La legión del espacio. La imprenta decidió que no era el momento y nos dejó tirados por dos míseros días. Recordad, editores: todo lo que tenga que estar para el día de antes de una Hispacon, NUNCA estará a tiempo.

La cena. Para qué hablar. Por lo menos me lo pasé bien hablando con Juanma Santiago y con Luis G.Prado, que se fue sin que le comiera la cabeza demasiado con mi próximo libro, como es mi costumbre en cuanto lo tengo a tiro. Ya lo pillaré en la Asturcon.

La vuelta a casa. Casi perfecta. Sobre todo gracias a Víctor Gallardo y Gabriella Campbell, que nos hicieron de anfitriones en Granada, cicerones del tapeo, nos dejaron una cama en condiciones y hasta dejaron que su gato nos calentara los pies. (Joé que frío hace en Sierra Nevada)

El año que viene la Hispacon será en Almería. Tengo buenas vibraciones sobre el proyecto, aunque me quedaré mucho más tranquilo cuando me entere del apoyo humano que consiga. Esa es la diferencia entre una buena hispacon y una mala. Bueno, eso y los bares. Pero me han dicho que en Almería, de eso, van servidos.

Hispacon 2007 – Sevilla

Queda muy poco, nada, como el que dice. Mañana ya estaré en Sevilla para preparar la HispaCon de este año. Por desgracia no podremos presentar el libro de La legión del espacio, resulta que los de la imprenta (oh, que novedad) se han pasado una semana de plazo.

De todas formas, trabajo tengo. Estaré apadrinando varios libros,  “Desde el taller”, una iniciativa del Taller 7,  y “Noche cerrada” (de mi nuevo compañero infernal Emilio Bueso)

Mención aparte tiene la presentación de Nocte, la asociación de escritores de terror. Seremos unos cuantos monstruos felices encima de la tarima. Seguro que nos lo pasamos bien. La cosa promete.

Por lo demás, muchas presentaciones, charlas con Rafa Marín o Javier Negrete, películas, conferencias de postín (la de Gabriella tiene una pinta buenísima), bares, restaurantes y algo de cerveza.

El programa al completo.

Nos vemos allí este fin de semana.

Finito

Se acabó. Terminé. Finito. The end. Punto final. La dama gorda cantó la canción.

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Quiero dar las gracias a Depeche Mode, Nick Cave, VAST, PRONG, Editors,  Radiohead, Siouxie, Tom Waits, Muse, Amon Tobin, Interpol… y a un motón de grupos que los señores de LASTFM han tenido a bien en ofrecerme. Ahora me queda la revisión. Dura y temida, pero deseada revisión.

No podéis verme. Pero estoy bailando. Si llevo la ropa puesta o no es una pregunta que dejo en el aire.

Nobel Monstruoso

Una muestra:

Con la adorable reina Al-Ith, la zona tres vive una paz paradisíaca, mientras que en la zona cuatro imperan el caos y la guerra bajo el brutal gobierno del rey Ben-Ata. Cuando los dirigentes de Canopus conciertan el matrimonio de ambos soberanos, todo apunta a que se truncará el equilibrio de la zona tres. Sin embargo, los dos reyes aprenderán a amarse y necesitarse, de forma que se dulcificará el régimen del guerrero y nacerán fructíferas relaciones entre las zonas, hasta que una nueva orden rompa el hechizo…

¿Qué os parece? ¿Bien? ¿Mal? Pues estáis ante la obra del último premio Nobel de literatura, Doris Lessing

Por si os preguntáis lo que dice Bloom: “Aunque la señora Lessing al comienzo de su carrera tuvo algunas cualidades admirables, encuentro que su trabajo en los últimos 15 años es un ladrillo… ciencia ficción de cuarta categoría.

Relecturas obligadas por similitud subconsciente

El verdadero horror es el que notas al identificarte con el asesino y no con la víctima. Por eso Ripley es un personaje magnífico y Highsmith una maestra a la hora de crear espécimenes dignos de estudio.

Hacer un héroe o un antihéroe es sencillo. No dejan de ser arquetipos previsibles. Dejarlo todo en manos de alguien sin sueños resulta, por momentos, desesperante.

Sobre todo ahora que tras una buena charla descubro que tengo la obligación de releer Crimen y Castigo y un montón de cuentos de Chejov y Gorki.

Así que si me vuelvo existencialmente huraño es culpa de los maestros rusos, ¡malditos!

Cuarto y mitad

Como decía Eliot:

Between the idea
And the reality
Between the motion
And the act
Falls the shadow
For Thine is the Kingdom

Y si antes llegué a la mitad de la novela que estoy escribiendo ahora voy por cuarto y mitad. La idea era buena, el desarrollo pasable; el lenguaje no cuadraba. Algo estaba mal.

Así que borré todo y a volver a empezar. Por ahora creo que funciona. El cómo tiene que ser tan interesante como el qué, ni más ni menos. Debe acompañar. Fluir. Empujar.

Between the conception
And the creation
Between the emotion
And the response
Falls the Shadow
Life is very long

Y sí, sigue siendo literatura fantástica. Aunque por ahora parece una novela histórica escrita por un amante de las frases cortas.

Isis

Un cuento pequeño que tuvo un ir y venir constante hasta salir en Tierras de Acero.

Tiene algunas de mis obsesiones sobre los años 20. No todas, claro, pero esas ya saldrán… seguro.

Isis y el velo

 

Sin duda, los labios de Amanda poseían la extraña cualidad de enfermar a los hombres, volverles locos, ausentes, noctámbulos, bohemios; con sólo un beso, una palabra susurrada o una risa cómplice, barones, mafiosos y buscavidas sin patria sentían hervir la sangre por sus venas y adquirían, sin remedio, una extraña sensación de vacío justo en la boca del estómago.

Solía frecuentar el Revolution, donde, bajo los mejores y más minúsculos trajes de seda, ese tipo de vestido ligero que oculta y muestra con desigual fortuna, dejaba que hombres, invariablemente vestidos de etiqueta, la invitaran a copas dulces y le regalaran joyas terriblemente caras. Y todo eso sin ni siquiera abrir sus finas piernas o permitir contacto alguno más que alguna caricia, leve y lujuriosa.

Ella era la promesa del placer, la invitación a la lascivia, el deseo, el preludio inevitable de una erección dolorosa; ella era todo eso y más, la idea misma del pecado, la avaricia de los hombres.

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Problemas en la crítica profesional

Al menos en los USA.

Por lo que leo en El futuro del Libro, algún periódico se está asustando:

Hace unas semanas, The Atlanta Journal Constitution decidió cancelar la sección de crítica de libros dado que la gente parecía más proclive a dejarse orientar por lo que encontraba en la red que por lo que decían sus críticos (profesionales).

Llovía sobre mojado, explica Art Winslow en The Huffington Post, porque son muchos los periódicos (Los Angeles Times, San Francisco Chronicle y Chicago Tribune, entre otros) que están revisando su estructura y suprimiendo o reduciendo la extensión de las secciones tradicionales. La reacción no se hizo esperar y el National Book Critics Circle, la organización que agrupa a los críticos profesionales, comenzó a publicar un blog Critical Mass y promover una campaña en defensa de la crítica de libros.

¿Pasa algo parecido en España? En los ámbitos con una crítica consolidada todavía no, pero en los que está por hacer puede que nunca llegue a darse el paso pro.

Escritor, asesino

Leo en ELPAIS la extraña historia de Krystian Bala, un escritor polaco que ha sido detenido por relatar, con detalles nunca revelados, un asesinato cometido en el año 2000. La policía ha ido encontrando evidencias, circunstanciales en su mayor parte, eso sí, que no hacían más que señalar al escritor.

Lo que más me ha llamado la atención, y que a mi entender confirma que es culpable, es la recepción de varios e-mails calificando el crimen de “perfecto” y “obra maestra”. Fueron enviados desde Corea justo cuando Bala estaba por ahí de vacaciones. Está claro que sólo un escritor podría tener tanto ego.

Más cetro de la vida

Pues igual es algo de envidia, pero ver que Planeta va a publicar el libro y dos más (o muchos más, a saber)  me deja a cuadros. Sobre todo porque todo nace de una nota de la Agencia Efe o una periodista de ELPAIS en Marbella.

Y da igual si es bueno o malo. Tiene repercusión mediática. La tiene, la tiene. Llevo doscientas visitas que buscan información sobre el libro en cuestión.

Así que ya sabéis. No vale la pena romperse las manos sobre el teclado. Ya se nos ha pasado la edad mediática.

A lo mejor a los 90…

Cosas chorras del mundo editorial

Vaya, leo en ELPAIS esta noticia.

Resulta que un tal Lassman decide enviar 18 textos de “Orgullo y prejuicio” (cambiándole el nombre) a otras tantas editoriales para ver qué pasa. Y va y resulta que desestiman el texto por “poco interesante” (bueno, excepto una que le dice que eso que le ha mandado le suena mucho a Orgullo y prejuicio. Será la buena educación británica)

No sé qué es peor, que las editoriales por norma no se lean los originales y contesten con cartas tipo o que en realidad no supieran reconocer la obra de Jane Austen. Lo cierto es que como experimento deja mucho que desear y queda un poco tonto.

Entre esta noticia y la de Sebastian y el cetro… se nota que en ELPAIS sufren cuando llega el verano.

El escritorio y los procesos creativos

A través de JMillán encuentro éste artículo del Semanario de Literatura Recreativa.

Creo, con ingenuidad de sociólogo aficionado, que el espacio de trabajo dice mucho sobre su usuario. En el caso de los escritores, sus escritorios pueden explicar algunas características de sus obras, o bien revelar una faceta de la personalidad del autor que éste se ha esforzado en ocultar en sus escritos. (Sería fascinante dar un curso de literatura contemporánea utilizando como base fotografías de los escritores, en lugar de sus novelas: cómo eran, cómo vestían, dónde vivían, quiénes eran sus amigos). Cualquiera que entrase al despacho de Unamuno, por ejemplo, sabría que se encontraba en el cubil un profesor: lo delatan los papeles —¿apuntes? ¿exámenes?— amontonados por el suelo. Las fotos de los escritores suicidas portugueses ponen al visitante en guardia y ciertamente no animan a comprar los libros del catedrático salmantino. Como yo, Unamuno ha tenido que echar mano de una mesa supletoria, en su caso camilla, para poner los libros, que desbordan. Como me dijo alguien una vez, Unamuno era así porque pasaba frío, y se metía periódicos debajo de la ropa. Claro que también hay otras versiones.

El artículo está bastante bien. Me tranquiliza pensar que no soy el único con algo parecido a esto:

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Aunque lo mejor son las vistas.

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Escribo de noche. Y ayer, pasada ya la medianoche, pude ver dos fogonazos desde ahí dentro. ¿Flash de cámara? A lo mejor.

Ursula K. Leguin y el cadáver de la ciencia ficción

Alguien en la revista Slate dijo algo así como “Michael Chabon ha gastado una considerable energía tratando de sacar al decadente cadáver de la ciencia ficción fuera de la tumba donde los escritores de literatura seria lo abandonaron” (traducción libre, sorry) y Ursula K. Leguin decidió contestar de la mejor manera que puede hacer un escritor: con un cuento. Os lo pongo aquí, pero en inglés, que no tengo tiempo para hacerle justicia al texto de Leguin.

Something woke her in the night. Was it steps she heard, coming up the stairs — somebody in wet training shoes, climbing the stairs very slowly … but who? And why wet shoes? It hadn’t rained. There, again, the heavy, soggy sound. But it hadn’t rained for weeks, it was only sultry, the air close, with a cloying hint of mildew or rot, sweet rot, like very old finiocchiona, or perhaps liverwurst gone green. There, again — the slow, squelching, sucking steps, and the foul smell was stronger. Something was climbing her stairs, coming closer to her door. As she heard the click of heel bones that had broken through rotting flesh, she knew what it was. But it was dead, dead! God damn that Chabon, dragging it out of the grave where she and the other serious writers had buried it to save serious literature from its polluting touch, the horror of its blank, pustular face, the lifeless, meaningless glare of its decaying eyes! What did the fool think he was doing? Had he paid no attention at all to the endless rituals of the serious writers and their serious critics — the formal expulsion ceremonies, the repeated anathemata, the stakes driven over and over through the heart, the vitriolic sneers, the endless, solemn dances on the grave? Did he not want to preserve the virginity of Yaddo? Had he not even understand the importance of the distinction between sci fi and counterfactual fiction? Could he not see that Cormac McCarthy — although everything in his book (except the wonderfully blatant use of an egregiously obscure vocabulary) was remarkably similar to a great many earlier works of science fiction about men crossing the country after a holocaust — could never under any circumstances be said to be a sci fi writer, because Cormac McCarthy was a serious writer and so by definition incapable of lowering himself to commit genre? Could it be that that Chabon, just because some mad fools gave him a Pulitzer, had forgotten the sacred value of the word mainstream? No, she would not look at the thing that had squelched its way into her bedroom and stood over her, reeking of rocket fuel and kryptonite, creaking like an old mansion on the moors in a wuthering wind, its brain rotting like a pear from within, dripping little grey cells through its ears. But its call on her attention was, somehow, imperative, and as it stretched out its hand to her she saw on one of the half-putrefied fingers a fiery golden ring. She moaned. How could they have buried it in such a shallow grave and then just walked away, abandoning it? “Dig it deeper, dig it deeper!” she had screamed, but they hadn’t listened to her, and now where were they, all the other serious writers and critics, when she needed them? Where was her copy of Ulysses? All she had on her bedside table was a Philip Roth novel she had been using to prop up the reading lamp. She pulled the slender volume free and raised it up between her and the ghastly golem — but it was not enough. Not even Roth could save her. The monster laid its squamous hand on her, and the ring branded her like a burning coal. Genre breathed its corpse-breath in her face, and she was lost. She was defiled. She might as well be dead. She would never, ever get invited to write for Granta now.

Vía Boing Boing

La Escaramuza – Precuela en Aurora Bitzine

A final de año saldrá en Parnaso “Canción de espadas”, mi primera incursión en el mundo de la fantasía épica (bueno, épica… digamos sucia y violenta)

Como pequeño adelanto ya se puede leer “La escaramuza”, cuento que explora el pasado de uno de los personajes principales.  A lo largo del año iré sacando otros relatos que completen, por así decirlo, a la novela.

Es poco más que lo que su nombre indica, un primer encuentro, rápido y borroso. Gracias a Manuel Burón, de Aurora Bitzine, por publicarlo.

Presentaciones por Valencia

Ayer jueves estuve en una de las escasas presentaciones, literatura fantástica mediante, que tenemos en Valencia (aunque no sea por falta de autores: somos legión) gracias a La casa del Libro y al grupo editorial AJEC.

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El libro en cuestión es el de “Los Navegantes”, de Jose Miguel Vilar, la historia de una confrontación de carácter mítico aunque no épico (bueno, más o menos, si queréis saber más, comprad el libro, malditos).

La verdad es que es una de las presentaciones mejor montadas en las que he estado, se llenó la sala habilitada y se vendieron un montón de ejemplares. Jose Miguel estuvo firmando media hora y Raúl, el amo y señor del Imperio Editorial AJEC, estaba de lo más contento.

A ver si cunde el ejemplo y se hace algo más por aquí. Tenemos hambre.

Paura 4 – Sobras

Me dice Santi Eximeno que mi cuento Sobras aparecerá en la siguiente edición de la antología de terror Paura, que ya va por su cuarta edición y se consolida, para mí, como el referente español de literatura de terror.

El cuento salió como resultado de una gripe y lo escribí en una tarde de fiebre y escalofríos. Quedó noventero-noventero, quizás con influencias de Breston Ellis y Barker. Un relato corto escrito a base de frases directas, muchas imágenes y mal rollo garantizado.

Además, comparto un cartel de lo más lucido en el que sólo echo a faltar la presencia de Marc R. Soto (habitual de Paura):

Sobras (Alfredo Álamo)
La herida sigue sangrando (Luis Barrera Bermejo)
El Encargo (Juan Díaz Olmedo)
Facilis Decenus (Francisco Javier Pérez)
Factor común (Sergio Gaut Vel Hartman)
Pityocampa (Nuria C. Botey)
Expiación (Eva Díaz Riobello)
Las Ménades Furiosas (José Rubio y José Miguel Cuesta)
El tacto de tu piel (Santiago Eximeno)
The Cutting Room (Shane Jiraiya Cummings)
Autorretrato (Miguel Cisneros Perales)
La mentira al final del pasillo (David Jasso)
Giovannina está contigo (David Mateo)

Paura 4 saldrá en Noviembre y será presentada en la Hispacón de Sevilla 2007. Allí os espero a todos 🙂

A mitad…

He posteado poco, lo sé. Estoy a  mitad de una novela, acabo de pasar el ecuador, y tengo un montón de cosas por hacer, contestar unos cuantos miles de mails, leer mucho que me han pasado.  Si sobrevivo a esta semana, estaré fuera para hacer la cata anual de cerveza gueuze, contaré algo de lo que estoy escribiendo. Me está costando avanzar cada maldita frase, y eso que sé exáctamente lo que quiero decir y dónde quiero llegar.

Bueno, sigo con ello. Deseadme suerte.

Pastiche

Pues tras cierta polémica, ya amansada, voy a dar mi opinión sobre un subgénero como es el de los pastiches.

Hay buenos libros, libros regulares y libros rematadamente malos. Pues con los pastiches, lo mismo. Es tan absurdo como degradar a toda la CF por ser de marcianos cabezones, o al terror por ser de tíos con motosierras.

En los absolutos vive el diablo, señores.

Ínfulas literarias

De un tiempo a esta parte escucho algo que me asombra sobre los libros, un comentario generalizado en el que lo máximo que le puedes pedir a un libro es que entretenga, o que enganche, que no esté mal escrito, vamos, que la literatura -de género o no- es ocio puro, y si una obra cumple con esos parámetros, pues para qué más.

No soy yo quién para quejarme -mi primer libro es pura literatura pulp sin más pretensión que esa, la de entretener- pero me asombra que la exigencia sea tan baja. A una buena obra yo le exijo muchísimo más que me entretenga o me haga pasar dos tardes agradables. Quiero que me transporte, que me haga reir, llorar, amar y soñar, necesito que me desafíe, que me cuestione, que me sorprenda.

Es evidente que sabes muy bien qué esperar con cada libro, incluso antes de abrirlo, pero parece que estamos extendiendo el criterio pulp al resto de libros. Y tampoco es eso. Un libro que sea entretenido sin más es mediocre. Tiene que despertar algún tipo de sentimiento, un mínimo de maravilla.

No se puede esperar tan poco de la vida.